Hay futuro… también ganadero
Dos orejas para Julio Norte y una para Tomás Bastos. Magnífica impresión de Emiliano Osornio. Excelente novillada de Talavante.
Por Álvaro Acevedo / Fotos: Mauricio Berho
Sevilla. Martes, 14 de abril. Un tercio de entrada. 6 novillos de Talavante, de bonitas hechuras y gran juego. Extraordinario el 2; aún mejor el excepcional 3º; y sendas máquinas de embestir el 5º e incluso el mansurrón 6º. Nobles, pero más deslucidos 1º y 4º. Emiliano Osornio, silencio y aplausos; Tomás Bastos, vuelta tras petición y oreja con aviso en ambos; y Julio Norte, oreja y oreja. Salió a hombros por la puerta de cuadrillas.
Para situar al lector en el lugar de los acontecimientos, comencemos aclarando que, si Talavante estuvo en la novillada de hoy en Sevilla, alguien debió haberlo sacado por la Puerta del Príncipe. Y que por ella, de haberse redondeado las cosas, podrían haberle acompañado Julio Norte y Tomás Bastos. Dicho todo esto, de la terna y de todo el escalafón de novilleros ahora mismo el que más me gusta cómo torea es Emiliano Osornio, que no salió ni a saludar.
Julio Norte estuvo en cambio cerca de abrir la Puerta del Príncipe con un lote fantástico, siendo el utrero de su debut de auténtica locura, con una calidad fuera de lo común. Julio arrea muchísimo y en cuanto tiene ocasión torea muy despacio. Saludó con un toreo a la verónica de manos bajas a este superclase de Talavante, y comenzó su faena con cambios por la espalda de rodillas. Ya en pie anduvo sólo correcto con la mano derecha, pero desgranó luego unas tandas de naturales estupendas, de trazo larguísimo, a veces dejando la muleta muerta en el albero y llevando a ralentí al animal, que gateaba detrás del engaño con un ritmo increíble. El novillo fue de dos orejas. ¿Por qué no se las pidieron? Porque se vio más embestir que torear. ¿Y por qué motivo? Porque Julio torea demasiado en línea recta y un poco volcado hacia delante. Llegó a los tendidos, pero no rodó la gente por ellos.
Me preguntó un amigo mío que, si no le cortaba a ese novillo las dos orejas, a cuál se las iba a cortar. Y yo le contesté que a otro novillo peor. O por lo menos, no tan excelso. Y así pudo ser si le mete la espada a la primera al sexto, melocotón de pelo, más alto y engollipado que sus hermanos, mansurrón en los primeros tercios pero que rompió a embestir en la muleta de manera incansable. Julio enganchó otra vez a la gente con un valiente inicio de rodillas y mantuvo la conexión con el público gracias a una labor valiente, entregada, otra vez con fases de toreo lento y largo, de escasa expresión, pero sobrado de entrega. El final de su labor, quizá por exceso de ímpetu, fue más amontonado, pero manteniendo la garra y la ambición. Un pinchazo antes de la estocada frenó una posible petición de dos orejas que, en cualquier caso, hubiera sido excesiva. Salió a hombros por la Puerta de Cuadrillas.
También debió cortar tres o cuatro orejas Tomás Bastos, pues lote tuvo para ello y condiciones no le faltan al portugués, pero estos novillos tan bonitos, tan buenos, estos animales que se ven tan claritos desde el tendido, obligan a no dar un mal paso. Bastos había dibujado una media verónica a cámara lenta en el quite al primer novillo de Osornio antes de recibir al primero de su lote con lances templados, dos de ellos excelentes, uno por cada pitón, y bonita media a pies juntos. El castaño de Talavante se enceló mucho en el peto pero le llegó el gas hasta el último tercio, embistiendo con una humillación y alegría apoteósicas. Inició Bastos muy en torero su faena, con ayudados por bajo rodilla en tierra que prologaron una perfecta serie en redondo, limpia, de acople exacto.
Así fue también la segunda, de nada menos que seis redondos impecables, sin el más mínimo desajuste, pero en el remate quiso hacer una de esas cosas que los muchachos ven a los supuestos maestros y metió la pata. En concreto, un pase de pecho circular sin rectificar los pies que, aparte de ser horrible (el cite dando el culo al toro daña a la vista) le exigía al animal una línea curva interminable después de seis arrancadas galopando y humillado. La ocurrencia acabó en enganchón; el enganchón degeneró en desarme; y el desarme, en el parón de la música, que como ahora es una verdadera madre arrancó en cuanto Bastos se puso otra vez a torear.
Dolido por tanta exigencia, el utrero marcó un poquito la querencia y Bastos acertó con quitársela sacándoselo a los medios, para continuar toreando ahora con la izquierda en dos buenas series, aunque no del nivel de las anteriores. Recuperó el tono al regresar a la diestra con una gran tanda de seis y pase de trinchera, antes de cerrar al novillo con ayudados por alto. Debió dejarlo más abierto, pues por dentro de las rayas amagó otra vez con irse a las tablas, así que el portugués tuvo que sacarlo un poquito para entrarle a matar, cosa que hizo de media estocada vertical y defectuosa, sonando un aviso antes de certero descabello. Petición insuficiente y vuelta al ruedo merecida. Se enfadó el chaval por la no concesión del trofeo, supongo porque estará siguiendo la Feria por televisión y reconoció en el palco al mismo que regaló varias orejas el Domingo de Resurrección: don Gabriel Fernández Rey.
Sí se la cortó al quinto, otro novillo de lío gordo al que Tomás recibió a portagayola para torearlo luego de muleta muy bien al principio y discretamente al final. Dos cambiados por la espalda en los medios prologaron una buena serie diestra y otra magnífica al natural, abrochada ésta con lentísimo cambio de mano. Después yo creo que quiso relajarse demasiado, y más dormido de la cuenta se dejó puntear a veces la muleta al final de los muletazos, razón por la cual la faena, dentro de un tono notable, no terminó de dispararse. La oreja que tenía conquistada en buena lid corrió peligro sin embargo en un final de trasteo que sobró por excesivo y amontonado. Buscando el doble trofeo pudo haber perdido el que ya tenía, desgracia que no sucedió tras contundente estocada hasta la mano. Finalmente, oreja bien cortada y a aprender de los errores para la próxima.
La asignatura pendiente de Emiliano Osornio está en cambio muy localizada en la suerte de matar, pues entra con el hombro e inevitablemente se deja el brazo de la espada atrás. De lo demás poco hay que decirle, pues sus formas con capote y muleta son exquisitas. El escaso fuelle del utrero que abrió plaza fue un hándicap insuperable a la hora de llegar a los aficionados, que observaron sus maneras como el que está viendo un tentadero de añojas. Otro asunto fue lo del cuarto, al que le hicieron todo mal en los primeros tercios y llegó a la muleta tardo e incómodo. Ello no impidió que aflorara su gran concepto del toreo, siempre bien colocado, ejecutando un muletazo lento, hondo, rematado detrás de la cadera. Con una prestancia y una categoría de torero caro. Se hizo el silencio para verle torear, y aunque se paladearon sus extraordinarios naturales, el caso es que la cosa no acabó de romper. Me duele decirlo, pero ya hasta en Sevilla gusta más la rebullasca.